Tenía muchas ganas de pillar al torcecuellos. Parece mentira, pero nunca lo había visto bien, siempre en vuelo, o en visión fugaz. Por lo que decidí ir al parque de Artaza, donde Iván lo vio bien el año pasado.En la primera vuelta no pude verlo ni escucharlo, por lo que me dediqué a otras aves más fáciles de fotografiar, y mientras esperaba oír el canto del torcecuellos.



Entonces escuché al torcecuellos, se le oía en los platanos, pero no podía verlo. Finalmente lo descubrí encima mio, cantando y escondido entre las ramas.
Cambio hacia el eucalipto, se le veía mejor, pero duró poco tiempo.
Desapareció, pero ya estaba contento, por fin había disfrutado del torcecuellos. No tenía otro plan, por lo que espere hasta que volvió a cantar en un árbol seco en medio del jardín; una pena de luz y de fondo, se le veía muy bien, pero las fotos no tienen la chispa que me gustaría.
Después de tanto cantar le entró hambre y bajó al suelo a alimentarse.






































